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lunes, 5 de julio de 2010

BREVE Espacio de reflexión

Hoy hubo elecciones y quizás no sea bueno intervenir explicando las fuerzas políticas mexicanas en este momento. Quizás algo más fuerte me permita reflexionar algo en relación con Saramago y no directamente sus novelas.
Hace tiempo me decía Luigi (1) alegrándose porque sacaron al Ejército mexicano que esta institución masacraría a los comunistas y a la izquierda mexicana, desde los socialdemócratas del PRD hasta los que se dicen comunistas en los movimientos sociales. Esta actitud es un indicio de que la ultraderecha mexicana no abandona su vocación golpista y balconea su proyecto en relación a las fuerzas armadas a las que pretende convertir en un gorilismo tipo América del Sur en los 70.
La ultra derecha mexicana proclama una predestinación, rara para un católico, la utopía del Reino de Dios en la tierra y el evangelio traducido en un Estado. Rara porque la doctrina católica no es predestinada como sus derivados protestantes. Esta utopía se construye en un imaginario de obediencia ciega a personajes civiles que ni siquiera pertenecen a la jerarquía católica, aunque algunos miembros de la jerarquía, los fundamentalistas, los alimentan.
En este juego de palabras, la profecía de que asesinarían a la izquierda, muestra su deseo y con el, el deseo de su grupo por suprimir a la izquierda mexicana. Por si no fuese maquiavélica su idea, digna de los Borgia, le respondía con una paradoja, los ejercitos no siempre obedecen a los represores, a veces se les voltean.
Así que para patearle su deseo tan draconiano y malévolo de asesinar gente, de que el ejército se convirtiera en genocida, me gustó restregarle las veces que el Ejército se comportó a la altura de las circunstancias y se pasó de plano al lado del pueblo.
Eso sucedió precisamente en Portugal, en aquél célebre episodio llamado La revolución de los claveles. El ejercito dio golpe de Estado y puso fin a la dictadura de Salazar. La patria de Saramago, puso fin, así, a la dictadura y trajo consigo la democracia. Es de las raras ocasiones en que el Ejército consigue poner fin a una dictadura.
Quizás si el ejemplo no gusta, podemos verlo en las dictaduras del este. El ejercito se le volteó a Ceasescu cuando el pueblo ya no se replegó en la matanza de Timisoara.





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¿Qué lleva a los ejércitos a entrar en un espacio de consciencia? Como para después negarse a masacrar al pueblo. Estos son los momentos bellos de la ética humana, el hombre no puede ser instrumento de aniquilación de otros hombres.

Esta misma actitud la tenemos en el ejérctio ruso en febrero de 1917, cuando los soldados rusos se negaron a disparar contra la muchedumbre famélica que había apedreado los expendios de Pan vacíos.

Hoy tenemos una matanza de más de 28 mil mexicanos en la "lucha contra el narcotráfico" en México, más muertos en el mismo periodo que la invasión de Estados Unidos a Iraq.
Existe un proyecto de convertir al Ejército mexicano en algo similar al ejército colombiano. Yo conozco en particular a miembros del ejército y mi impresión es que dificilmente podrían comprender algo que no sea el patriotismo nacionalista y su compromiso en contra de la manipulación de los norteamericanos. Me parece entonces que la principal batalla que librará el ejercito mexicano no es contra el narcotráfico, sino contra la manipulación de esa lucha que pretende borrar la identidad nacionalista del Ejercito.
Quizás me endulzo la vida tratando de pensar que el ejército nos servirá para fines tan mezquinos como el de suprimir la democracia y la pluralidad mexicana. Que se opondrá a ser instrumento para masacrar a las fuerzas progresistas del país y a servir los mandatos de quienes piensan en la locura de un Reino de Dios en la tierra. Aquí como en la frase de Saramago citada por Nómada, Dios es un pretexto.

Aún Hugo Chávez intentó el golpe en contra del gobierno venezolano, porque este ya no respondía a los intereses populares. No lo logró y fue enviado a prisión.
¿Qué podrá detener la masacre en México? Dos decenas de miles de muertos es algo para entristecerse e indignarse, necesitamos un cambio pronto que retome el control del país. Esperamos que como los soldados de la revolución de los claveles, sea a favor de la democracia y no en contra de ella.
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(1) Luigi es el seudónimo de un militante mexicano antiaborto, que se convirtió en una plaga en los sitios de Internet mexicanos y españoles hace pocos años. Nosotros le hemos señalado como un miembro de la ultraderecha mexicana, aunque el parece negarlo.