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domingo, 1 de diciembre de 2013

Un pueblo defiende su patrimonio e historia

Fraccionadores y constructores sin escrúpulos, escudados en intereses políticos quieren destruir el patrimonio histórico de la parroquia de Santiago Apóstol en el pueblo de Atzacoalco. Como en muchos otros lugares, la población fue alcanzada por el crecimiento de la mancha urbana de la Ciudad de México, pero históricamente ya era un pueblo indígena que estaba ya en el periodo de la Nueva España.

La construcción de la Iglesia se remonta al siglo XVI y posee una bella pieza en su panteón que es una cruz que elaboraron los indígenas mexicanos durante la Evangelización. Arte Tequiti, que es una cruz que probablemente se levantó sobre un templo de adoración mesoamericana y que ha sobrevivido gracias a que fue elaborado con piedra. Hoy dicha pieza se pierde en el panteón de la comunidad de la Iglesia que los fraccionadores quieren destruir.
 
La Iglesia de Santiago apóstol es una buena prueba que tiene el gobierno del DF para demostrar si es capaz o no, con la ayuda de su comunidad, de encarar la defensa del patrimonio cultural mexicano.
 
En esta cruz está labrado el rosto de cristo y su sangre corre por la flagelación durante la pasión. Aunque este tipo de cruces existen en Europa, en México tuvieron una muy particular forma simbólica de plasmarlo, ante el sincretismo cultural de la cultura indígena y la cultura española. Allí esta labrado el gallo que le cantó a San Pedro, la espada de Pedro que le cortó la oreja al agresor, la escalera de San Juan de Arimatea, la túnica de cristo, los dados con la que los soldados romanos se la disputaron, martillo, clavos, pinzas que representan a las que se usaron en la cruz.
 
Hoy el sacerdote católico Jorge Medina Enriques se encuentra preso por defender el patrimonio cultural mexicano, acusado de "despojo" porque unos empresarios que quieren hacer condominios en los terrenos de la misma, se usan de un poder judicial inescrupuloso, capaz de vender al diablo el patrimonio cultural mexicano.
 
Los pueblos originarios, defienden su patrimonio, en contra de negociantes sin escrúpulos que mediante maniobras "compran" algo que siempre ha sido comunitario. Toca al pueblo defender y al Estado preservar y hacer cumplir la Ley de Monumentos históricos.