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domingo, 3 de octubre de 2010

Entre ultraderechistas te veas

Como he platicado en algún post anterior, el pensamiento conservador no me era desconocido cuando pude observar publicaciones provenientes de los Caballeros de Colón en México. La propaganda anticomunista llegaba a mis manos, no precisamente como algo que buscara, sino que navegaba en el medio familiar dónde me desenvolví. Esa propaganda se mezclaba con las nociones progresistas del clero católico mexicano. Ambas cosas me permitieron tener nociones de diferencias y planteamientos encontrados.
La ultraderecha mexicana como tal, apareció en mi vida hasta el momento en que cursaba la educación media superior. Tenía que tomar una materia estética en la preparatoria, pero al querer tomar guitarra, el profesor no apareció por lo que amenazaba con quedarme sin educación estética y fue entonces cuando uno de mis amigos me sugirió tomar oratoria, que era una materia que se impartía en el turno vespertino.
Me anoté y comencé a asistir con mi amigo. En un salón grande, casi un auditorio de la Preparatoria se instalaba el profesor, un abogado que sacaba una campanilla y traía consigo siempre el periodico. Algo así como lo que hacemos continuamente en los foros. Leía una noticia y luego tocaba la campanilla para que pudiéramos intervenir. Había intervenciones y aunque al principio yo no intervenía, si lo hacían muchos estudiantes de muchas orientaciones. De vez en vez el profesor nos explicaba la estructura del hablar y organizar la oratoria y las diferentes maneras de aplicarla como el Discurso, la mesa redonda, el coloquio, etc.

Había dos personajes que acudían a las clases que se decían, uno fascista y el otro nacionalsocialista. Defendían las ideas italianas y germanas contra todo aquello que consideraban comunista, que era en muchos casos casi todo. El gobierno mexicano era comunista, algunos párrocos eran comunistas y el comunismo era como una especie de peligro al que había que erradicar.
Recuerdo todavía de manera muy viva como el profesor le preguntó a un tal José Luis Lezama, al que jamás volví a ver que opinaba del alcoholismo y los alcohólicos,  Lezama pidió subir al estrado y dijo palabras más, palabras  menos que los alcohólicos eran seres patológicos, nocivos a la sociedad que la infectaban y que deberían ser remitidos a campos de concentración. Mi profesor de manera irónica le dijo que si esa era una forma de terapia y este tipo contestó contundente, es la manera de sacar lo podrido de la sociedad.
Ese año nos dividimos los estudiantes por la aparición de la huelga del Sindicato del Personal Académico de la UNAM, SPAUNAM y la Preparatoria declaró la huelga junto con muchas de las escuelas. En el curso del cierre, José Luis Lezama se presentó junto con un grupo de maestros y alumnos a tratar de romper la huelga. Es en ese momento que me di cuenta que sus discursos no bromeaban en contra de los trabajadores.

Se abrió entonces un abanico de organizaciones cuyos panfletos aparecían en la escuela, el GUIA, el grupo PUMAS que pegaban periódicos murales advirtiendo el peligro de los comunistas y de los izquierdistas a los que tachaban, como decía Lezama de una enfermedad. Por aquellos momentos, la guerra de Vietnam estaba terminando, la retirada de las fuerzas norteamericanas venía precedida de la gran ofensiva en la que el Frente de Liberación Nacional recuperaba Saigón. Aparecieron periodicos murales condenando el avance de las tropas vietnamitas, lo que fue respondido por el alumnado arrancando los periódicos, pues recordaremos que la guerra de Vietnam fue el símbolo de mi generación. Aparecieron unos tipos con tubos por varios lados y los estudiantes se enfrentaron a ellos haciéndolos correr. Atraparon a uno que tras preguntarle que quién era y a donde pertenecía, terminó acobardándose diciendo que pertenecía al PUMAS, un grupo fascista entre los muchos que aparecieron. Los estudiantes se lo entregaron a las autoridades de la preparatoria.
Un familiar en una ocasión me mostró uno de los pegotes del grupo Consejo Naciona de Estudiantes o CNE que decía Marxismo=Estatismo, Estatismo=Corrupción, Marxismo=Corrupción. Este grupo que surgió del llamado tratado del Cerro de las Campanas, una organización ultraderechista convocada en Querétaro. Me platicó que había acompañado a uno de sus amigos a una reunión del grupo y que ese amigo quería entrar a esa organización de carácter iniciático.
Todos estos organismos se organizaban en torno a la Organización Nacional El Yunque, cuya existencia ha sido documentada por los textos de Álvaro Delgado. Al leer el texto de Delgado, sus relatos coincidían con lo que observé en mi periodo de preparatoria, lo que Delgado dice coincide con lo que decía Lezama, el amigo de mi familiar y otros. Un discurso dónde ellos eran los sanos y debían sanar a la sociedad enferma por los peligros de la masonería, el judaísmo y los comunistas.
Por ello, cuando en los foros me encuentro las mismas cantaletas de odio a los masones o a los protestantes, o a los "rojillos" o a aquellos que no coinciden con ellos en esa vocación de purificar, moralizar, enseñarle a los demás lo que tienen que hacer y pensar, no me es difícil identificarlos. He convivido con ellos por mucho tiempo.
Hoy, que la Organización ha sido descubierta y de que se habla de que su dirigente es Guillermo Velazco Arzac, escucho los argumentos misógenos, anti izquierdistas y con el velo de nociones religiosas que nunca confiesan, pero que evidentemente están tras ellos.
En realidad no he podido hacer amistad con ninguno de ellos, se salen del patrón común de personas con ideas diferentes con las que puedes olvidarte un momento de hacer política y hacer amistad. Como están en su cruzada y como sólo ellos y no los demás tienen la razón, son individuos aislados. Sin duda con poder han de ser sumamente peligrosos, pues la imposición de las ideas se hará por la fuerza.