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domingo, 9 de octubre de 2011

2 de octubre de 1968. 43 años después.

3 de octubre de 2011. Miles de jóvenes se reúnen en la Plaza de las tres culturas en el norteño barrio de Tlatelolco en la Ciudad de México. Una joya arquitectónica en la que se reunieron las excavaciones arqueológicas del antiguo Tlatelolco, lugar donde además del barrio se concentraba el mercado de los mexicas en la gran Tenochtitlán. Al mismo tiempo sobresale la Iglesia colonial de Santiago Tlatelolco y la enorme unidad habitacional que fueseo orgullo de los gobiernos priístas que mostraban los tres Méxicos. El antiguo, el colonial y el moderno. A un lado de la plaza sobresale el edificio de la ex-Secretaria de Relaciones Exteriores con su color blanco y su forma de torre.

Tlatelolco hoy dista mucho de ser el orgullo de los gobiernos priístas, en esta plaza uno de sus Presidentes, el Lic. Gustavo Díaz Ordaz ordenó la matanza de estudiantes mexicanos para parar las manifestaciones a 10 días de la celebración de los XIX Juegos Olímpicos en la Ciudad de Mexico. Poco más de un centenar de muertos, algunos de los cuáles aparecen al centro de la plaza en una estela, que es como los mayas le nombraban a los monumentos de las conmemoraciones. Año tras año, desde 1969, los habitantes de la ciudad de México y sobre todo los estudiantes de las escuelas públicas marchan al centro de la Ciudad para recordar lo sucedido bajo el grito "¡2 de octubre no se olvida!"

Los primeros años que siguieron a este incidente fueron acallados por las amenazas del régimen, que le dijeron a los familiares de los muertos: ¡Si quiere que el Sr. -refiriéndose al pater familia- se quede sin empleo mejor cállese!

Y sin embargo durante cuatro décadas no ha fallado una sola, la organización de una marcha que conmemora los hechos.

Historiografía.
Lo sucedido en Tlatelolco fue confuso al principio. La versión estudiantíl fue repetida en los salones de clase en base a los testimonios orales de los sobrevivientes como la Tita Avendaño, Raúl Álvarez Garín y el libro que se convirtió en un Best Seller La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska. En esta versión el ejército mexicano había acordonado la zona y había metido paramilitares para descabezar al movimiento. A la señal de una Bengala lanzada por un Helicóptero avanzaría al mitín con la finalidad de disolverlo con balas si fuese necesario. Al mismo tiempo militares vestidos de civil habrían cerrado los accesos del edificio de departamentos Chihuahua y arrestado a todos los integrantes estudiantíles del Consejo Nacional de Huelga, dirección del movimiento. Al finalizar, el ejercito habría trasladado al Campo Militar núm. 1 Siniestra instalación castrense y acusado a los líderes estudiantiles de los crímen más inverosímiles, como haber "disparado" en contra de los soldados.

Era absurda la versión del régimen de que los estudiantes pacíficos y desarmados hayan disparado  en contra de un ejército bien pertrechado, con sus tropas de élite, los paracaidistas, avanzando hacia una plaza dónde estaba un mitín que había renunciado a hacer una manifestación para evitar confrontarse con el ejército. Esta versión fue tomando forma y se convirtió en la versión oficial cuando Luis Spota publicó su novela La Plaza. En ese texto se construía una historia fantástica. No habían sido todos los estudiantes, pero sí unos cuantos acelerados los que armando una provocación, dispararon al ejército sin medir las consecuencias y los riesgos para el resto de sus compañeros estudiantes. Una versión repetida una y otra vez por los gobiernos priístas en distintos momentos. Se trataba de hacer victimarios a las víctimas, tal y como había sucedido en réplicas de este modelo en el pasado. Contra el PAN, contra movimiento disidentes del PRI y en contra de la Izquierda. Una matanza, seguida del encarcelamiento de los líderes, nada nuevo bajo el sol.
Tuvieron que pasar muchas décadas para que el misterio se desentrañara. El giro se dio especialmente por la apertura de archivos privados de algunos actores. En 1997 el escritor Enrique Krauze publicó La Presidencia Imperial, un Krauze acostumbrado a los reflectores y al beneplácito del "Ogro filantrópico" (como Octavio Paz a cuya sombra se cobija nombró a los gobiernos priístas) y la relación con los intelectuales.
Krauze tuvo acceso a los archivos personales de Díaz Ordaz y se tragó, enterita su versión. El Presidente de México habría estado convencido por los malos informes de sus subordinados, que atrás del movimiento estudiantíl de 1968 existía una conjura comunista fraguada por el Partido Comunista y por las organizaciones trotskistas de ese momento.

Los insultos de los estudiantes al presidente, la pinta de la efigie del Che Guevara a los muros del Palacio Nacional, habrían convencido a Gustavo Díaz Ordaz de que los estudiantes estaban confabulando un levantamiento.

Esta versión no desmentía la versión oficialista de Luis Spota y respondía a otras versiones que hablaban de dicha "conspiración". Todo parecía marchar sobre ruedas y la versión de que un Presidente equivocado en su percepción había actuado con energía querían fortalecerse.

El gusto no le duró demasiado a Enrique Krauze, pues cuando los archivos de Marcelino García Barragán, Secretario de la Defensa Nacional en 1968 fue abierto a Julio Scherer García, un periodista independiente. Los archivos de García Barragán confirman algo que nadie había entendido bien, el libreto que nos había querido leer el gobierno federal, los francotiradores eran actores del ejército para suplantar y hacernos creer que los estudiantes habían disparado aquél 2 de octubre. Se iba desentrañando la madeja, los soldados no dispararon abiertamente contra la masa estudiantíl, pues de lo contrario habría sido una matanza como la de Amristar o el domingo sangriento ruso en 1905, los soldados dispararon hacia los edificios y en el fuego cruzado murieron muchas personas que no alcanzaron a desalojar la plaza. Los que dispararon al ejército eran los mismos que habían descabezado al movimiento estudiantíl, el famoso batallón "olimpia".

Garcia Barragán guarda la documentación de los partes militares y las órdenes, la detención de grupos paramilitares y la exhibición de estos últimos de salvoconductos oficiales emitidos por el Estado mayor presidencial. Estos grupos estaban armados y a pesar de ello tenían salvoconductos.

La documentación indica los departamentos ocupados por el "Batallón Olimpia" en las horas previas, facilitados por el Jefe del Departamento del Distrito Federal (antes gobierno del DF), Alfonso Corona del Rosal. Su distribución que coincide con los lugares de dónde dispararon los presuntos "estudiantes".

A este texto se agregaron dos aportaciones interesantes. El libro de Carlos Montemayor llamado Rehacer la historia. Análisis de los nuevos documentos del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco aparecido en la Editorial Planeta en el año 2000 y el de Raúl Jardón. El espionaje contra el movimiento estudiantíl. Los documentos de la Dirección Federal de Seguridad y las agencias de inteligencia estadounidenses en 1968. Por Editorial Itaca en 2003.

Montemayor con ayuda de los documentos aportados en el libro de Scherer, de los documentos sacados del Departamento de Estado de Estados Unidos y los vídeos publicados por el canal 6 de julio cruzó la información para verificar la versión de los disparos hacia los departamentos y no sobre la multitud. En la gran cantidad de pies de película tomados por la Secretaría de Gobernación (Ministerio del Interior) se pueden apreciar los fogonazos de los disparos desde los edificios, la dirección de los rifles de los soldados de a pie en la plaza y luego la intercepción de los hombres del guante o pañuelo blanco en la mano. Su liberación tras mostrar los salvoconductos emitidos por el Estado mayor presidencial.

La verdadera historia tomaba forma, los altos mandos del Estado mayor Presidencial controlados por el Gral. Luis Gutiérrez Oropeza y reunidos en el "Batallón Olimpia" se distribuyeron en los departamentos solicitados al DDF desde las distintas partes de la plaza y en los edificios públicos de los alrededores. Armados con armas del ejército iniciaron ellos la balacera para simular que "grupos estudiantíles fuera de control" dispararon contra los soldados que estaban arribando a la plaza . Al ser heridos los mandos de los paracaidistas encabezados por el Gral. Hernández Toledo, los soldados respondieron contra los departamentos desde dónde se les disparaba.
Al mismo tiempo, el mismo comando el batallón Olimpia cerraba las puertas del edificio Chihuahua para arrestar a todos los miembros del CNH que se encontraban allí y dosificar la entrada de las fuerzas de seguridad. A pesar de los arrestos del Ejército contra el batallón Olimpia, los salvoconductos permitieron la salida de los miembros del Estado mayor Presidencial.

Hubo en efecto una conspiracion, la de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Gutierrez Oropeza ´para culpar a los estudiantes de haber iniciado la balacera. Cuando quiénes debieron haber procesado era a los miembros del Batallón Olimpia. Una investigación que hubiese alcanzado al Jefe del Estado mayor Presidencial y al propio Presidente en Funciones, Gustavo Díaz Ordaz, quién es en realidad un mentiroso y un cínico.


El libro de Raúl Jardón terminó por refutar el otro argumento basado en la "conspiración" comunista. Revisando los documentos de la Dirección Federal de Seguridad, que recoge el espionaje al movimiento estudiantíl de 1968 en su cuerpo documental "Motines estudiantíles",  Jardón demuestra con contundencia que ni en los documentos de los organos de seguridad, ni en los órganos del departamento de estado norteamericano, reflexionados por analistas, se desprende evidencia alguna que los grupos de izquierda como los trostskistas o el Partido Comunista Mexicano, hayan recibido apoyo para iniciar una insurrección armada en el país. Tampoco el movimiento estudiantíl de 1968. Ningún informe dio señales claras de que el movimiento estudiantíl constituía una amenaza armada en se momento. Por el contrario, mientras más se han mostrado los documentos de la embajada norteamericana, se descubre que esa versión era exagerada e inverosímil y que el gobierno mexicano había mostrado su gran incapacidad para entender los profundos cambios que se estaban sucediendo en la sociedad mexicana.

Por ello, no ha cesado cada año se marcha diciendo 2 de octubre no se olvida.