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miércoles, 14 de marzo de 2012

Un pedacito de Japón en México.

Desde niño comi la comida japonesa, no era extraño, la casa de mis padres estaba llena de objetos orientales, pues ellos habían vivido en el Japón durante 6 años en la década de los 30 del siglo XX. Mi abuelo incluso escribió un libro sobre el país oriental.

Desde niño sabía comer con los palitos chinos y reconocer los platillos japoneses que se servían en ocasiones especiales, a veces para la misma familia, a veces para los invitados. La comida se hacía como parte de una costumbre y un recuerdo de la embajada de México en el Japón.

Salieron cuando mi padre era aún un niño y tuvo la fortuna de regresar como adulto a Tokyo a finales de los años 60. Por el periodico, dado que se instalaba el pabellón de México en la feria de Tokyo, se presentó un anciano, Kobayashi, que había sido el mayordomo de la embajada y cuya familia había cuidado a mis Tíos cuando eran niños. Había cariño, fue un encuentro familiar y Kobayashi invitó a mi padre a su casa a comer.

Kobayashi y su mujer prepararon un plato especial que se prepara en la mesa, el Suki yaki. Hecho de acelgas, poros, carne de res, una pasta como espaguetti de soya, unos hongos secos.La pasaron muy bien y fue la oportunidad de Kobayashi para contarle que cuando las bombas incendiarias caían sobre las casas en Tokyo, el que casi lo perdió todo, pudo rescatar una bata negra con las aguilas mexicanas, un recuerdo de la embajada de México.

Desde esa época hasta nuestras días, la familia dispersa en la geografía nacional cocina la tempura, el sukiyaki, degusta el sashimi, los curry, los teri yaki y muchos otros platillos que nos rememoran que la familia vivío en el Japón y mantiene el nexo culinario con esta cocina.

Suki yaki preparado en casa mexicana
El sashimi, los onigiri, cuando alguien quiere algo japonés se hace en casa y los disfrutamos ya desde hace tres generaciones.

En la escuela tuve a un profesor que era un especialista en Japón y particularmente en el Japón contemporáneo. Disfrutaba mucho la clase de la Historia del Japón y descubría mucho de esto que había vista cuando era pequeño.

Poseo una colección de películas de la embajada y del Japón de los años 30 tomada por mi abuelo que comprende no sólo Tokyo, sino Corea, China, Bali y La India. Película en 16 mm que tomó él mismo.

Me pareció buen detalle invitar a mi profesor a la casa para mostrarle las películas e invitarlo a comer Sukiyaki. Él estaba casado con una japonesa y yo no lo sabía. Comieron en casa y por su expresión al parecer les había gustado mi Sukiyaki. ¿Habría pasado la prueba?

Quizás el sincretismo culinario se operará, no lo sé. Lo que sé es que a los míos les gusta la cocina, les apetece, se les antoja, eso sucedió cuando hice los onigiri, me los pidieron para un cumpleaños. La televisión y las caricaturas japonesas fueron el motor impulsor del antojo. Por cierto, yo no los había visto, había escuchado y cuando me los pidieron tuve que hacer acopio de mi bibliografía y de investigación hasta que encontré una receta. El haber cocicnado otras cosas me ayudó y pude cumplir lo que me habían pedido, los onigiri.

Onigiri en la mesa
Es algo particular, estos detalles son como pedacitos de Japón en México, un pedacito que me hace recordar lo bello de aquél país. Un país al que ya fue un hermano conocer y que espero un día conocer también yo.

A lo largo de mi vida, el Japón ha estado presente, no sólo cuando estudie su historia, de los tiempos más remotos al primer emperador y luego el periodo feudal de los Tokugawa.

Me impresiona mucho su modernización e industrialización en el periodo del Meiji, el ascenso de Hiroito en el poder y la imagen de él y la emperatriz en dos grandes retratos de la casa, dónde su particularidad especial es que firma como hijo del sol naciente, en escritura japonesa. Los crisantemos imperiales en la parte superior del marco.