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sábado, 5 de enero de 2013

Primero, segundo y tercer mundo.

La guerra fría como distorsión del curso histórico presente.

Planteamiento metodológico.

Cuando tras la segunda guerra mundial, la situación estratégica de la URSS en el terreno europeo planteó la imposibilidad estratégica de los Estados Unidos para desalojarla por medios convencionales; la guerra núclear e ideológica reordenaron no sólo el orden mundial, sino el plano de las ideologías con sus múltiples mistificaciones.

Lo único real y concreto, como herramienta de análisis fue que la revolución de octubre fue un acontecimiento que vino a alterar la percepción del capitalismo y a provocar un maniqueísmo político que si bien analizaba de manera errónea la confrontación de sistemas, si dio el soporte suficiente para ideologízar el enfrentamiento entre dos polos sostenidos por dos estados nacionales suficientes. Esto no se produjo al finalizar la II Guerra mundial, cuando el Ejercito rojo ocupaba Europa oriental con miles de hombres indesalojables por medios convencionales, sino al finalizar la propia primera guerra mundial, cuando los norteamericanos corrieron del contagio de la revolución de octubre y se encerraron a piedra y lodo para impedir que sus propios obreros, la clase obrera más grande del mundo se les rebelaran.

Revolución de ocrubre

Y el susto no era poca cosa. A partir de 1917 y más tarde entre 1918 y 1919 la oleada revolucionaria había recorrido de los Urales hasta el mar del norte y había amenazado por salir por el mar mediterráneo. De Petrolgrado a Hamburgo, de Hamburgo a Berlin, pasando por Budapest y saliendo hasta el bienio rojo en Italia. La batalla más importante por el socialismo se libraba en la cuenca del Ruhr y en las calles de Berlin. El presagio de Rosa Luxemburg de que la burguesía enlodada y llena de sangre despertaría a las masas obreras del mundo, se les transformó en una realidad vigente. La toma del poder en Rusia, vino a reforzar la idea del comunismo como una amenaza en el plano internacional. Las frases de Lenin retumbaban en los oidos de la burguesía internacional cuando señalaba que la suerte de le revolución mundial se jugaba en Berlin.

Pero a pesar del gobierno bolchevique, de la toma del poder en el eslabón más débil, la marcha obrera no logró más allá de 1923 consolidarse en Berlin y para 1927 la contrarrevolución ya se había organizado en Roma, en Berlin para impedir que los obreros reaccionasen de nuevo. El socialismo no cayó en 1989 sino en 1927 cuando la propia élite del estado nacional creado por Stalin había renunciado a la revolución mundial y había redefinido el rumbo de una revolución antifeudal, estatalizada bajo el nombre del "socialismo" en un solo país. Pocos han tomado en cuenta que el propio Stalin era el ministro de las nacionalidades y que a su cargo estaba la ejecución de lo que se dio a llamar la liberación nacional como política de contención del estado ruso, ahora llamado soviético, como esto que en las viejas discusiones del marxismo crítico, no oficial y no soviético se llamó el capitalismo de Estado en la URSS.

En la actualidad, con el acceso de los historiadores no controlados a los archivos de la antigua URSS, comienza a escribirse una historia que no cuadrará en los mitos y ecuaciones ideológicas de la guerra fría. Me llama la atención en especial la reciente historia de Vladislav Zubok cuando escribe a la URSS como un imperio fallido. En lugar de confirmar coartadas y eslogans pro capitalistas, Zubok se ha dedicado a explicar la organización de la URSS como un imperio y un estado nacional que no variará la política exterior del zarismo anterior.

Hoy es elemental, si queremos entender algo, de alejarnos de los supuestos socialistas de un sistema evidentemente capitalista que operó para efectuar una revolución antifeudal y pro capitalista utilzando al Estado como palanca de desarrollo industrial y nacional. Ellos nos permitiría entender como lo han hecho otros autores, los cambios operados en el capitalismo occidental cuando construyen lo que se ha dado en llamar el Estado de Bienestar y en entender al proceso de descolonización como un campo propicio de enfrentamiento de oriente y occidente no en la transformación del sistema capitalista, sino en la lógica política de las esferas de influencia geográfica en la lógica político-militar de dos potencias nucleares.

 Primeros, segundos y terceros mundos capitalistas.

Si persistimos en suponer en la lógica del mundo de la guerra fría, que existía un primer mundo dominado por las potencias capitalistas occidentales y un mundo socialista dominado por la URSS o China, y luego zonas de influencia o disputa representados por países en vías de desarrollo, débiles, "menos capitalistas" que se llamaron "Tercer mundo". Lo que obtendremos es una taxonomía que impide analizar porqué finalmente el mundo pudo dar una salida hacia el capitalismo sin terminar en la confrontación antagónica que se suponía el exterminio nuclear. 

Hoy pocos pueden creer la diferencia entre el funcionamiento chino como una potencia socialista y el funcionamiento norteamericano como la potencia capitalista. Lo que tenemos es una dinámica de diplomacia de estados que no era muy distinta a los métodos de Otto Bismarck para mantener la seguridad nacional externa de Alemania. Chinos y norteamericanos no enfrentan sistemas antagónicos, sino intereses nacionales y de negocios rivales. China dejó de ser un país tercer mundista para convertirse en una potencia industrial en competencia con Europa y los Estados Unidos. Como en Rusia en 1927, en China en realidad cayó Mao Tse Tung cuando la revolución cultural fue controlada por la nomenkaltura china.

JF Kennedy
Para los rusos, la caída del régimen estatalista de capitalismo ruso, no cayó por los golpes infringidos por el frente capitalista de salvación nacional, sino por la premeditación de quienes ya tenían todo de antemano, la propia nomenklatura soviética. No eran empresarios innovadores y emprendedores como supondría nuestra derecha obtusa, sino miembros del partido comunista que habían sido fortalecidos por una generación que Zubok califica de "decembrista" cuando en la segunda guerra ocuparon la europa oriental. Esta fue la generación que quiso la NORMALIZACIÓN capitalista en el periodo de Jruchev y que perdió ante la lógica de los duros, los militares en las secuelas de la crisis de los misiles. Lo curioso es que el otro gran perdedor fue JF Kennedy muerto por la lógica de los mismos duros pero en los Estados Unidos.

El juego producido por la rivalidad de las potencias esfumó el sueño de las elites locales nacionalistas, derrumbando el sueño de una libertad en el desarrollo industrial propio e independiente. Los débiles ahora serían repartidos en una nueva lógica unipolar y neoliberal. El sueño del tercer mundo sería destruido por el de la realidad neoliberal y el reordenamiento del capitalismo sería para ellos el retorno al salvajismo.