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sábado, 19 de marzo de 2011

Palimpsesto como ejercicio literario y no tan literario.

Nuestras páginas sucitan reacciones de diferentes tipos, unas veces producto de diferencias claras de carácter político e ideológico y otras más surgen por enconos de carácter personal. Hace muchos meses que Nómada no escribe en el blog, quizás porque sus tareas la han absorbido, no sabemos realmente de ella, no se encuentra entre los foristas en el Facebook. La última nota escrita, va ya de muchos meses atrás.

Podríamos jugar, nosotros también con la lectura de nuestros propios textos, ver las diferentes lecturas que podría tener los mismos. Esto se produce porque la lectura tiene muchos ángulos y formas de interpretación. En su celebre libro Interpretación y sobreinterpretación Umberto Eco reune un conjunto de destacados lingüístas a propósito de los planteamiento de Rortry en el Giro Lingüístico.

El texto como artefacto de comunicación es muy complejo. Varias disciplinas se dedican al estudio de los mismos en una perspectiva de significados. La Semiótica, la hermeneútica, la filología y desde luego la semántica. Ramas, enfoques de la lingüística, el texto encierra muchas perspectivas en el análisis. Desde su significado literal, en la superficie, la parte explícita de los textos y desde luego el significado implícito que se produce por inferencias y por contraposiciones. Revelar al autor, significa revelar los significados de lo que sus textos dicen, una operación que no puede analizarse por diletantes, sino por especialistas.

La cuestión central que Eco debate en su texto es que si el lenguaje es polisémico, los textos no encierran lecturas exclusivas, sino muchos ángulos, que como Eco confiesa, ni siquiera quién los elabora, el autor, puede controlar. Por ello, las lecturas escapan, se descontrolan, advierten aristas diferentes. Sin embargo, al mismo tiempo que Eco advierte esta propiedad de los textos se pregunta. ¿Las versiones y la interpretación es infinita? ¿Es posible derivar de los textos cualquier cosa? La interpretación tampoco es infinita, se sujeta a las posibilidades que el texto brinda como referente básico, Eco nos habla de la pluralidad de interpretación, pero también se limitan a las posibilidades del texto, a lo que se dice.

La Sobreinterpretación se produce en lo que Umberto Eco denomina las lecturas paranoicas. Es decir aquellas lecturas que dicen o establecen lo que un texto no dice o crean otro contenido independientemente de lo que el texto establece en sus límites. Para el terreno de las creaciones literarias, se recrea el texto, independientemente de lo que dice para construir otra historia. A este efecto de los textos se le denomina Palimpsesto de manera figurativa.

El origen del Palimpsesto es la escacés del papel. Los autores medievales borraban los textos anteriores y utilizaban el papel para un nuevo texto que necesitaban. Abajo, del nuevo texto se encontraban los vestigios del anterior. De manera figurativa, en el libro de Eco se señala el término para indicar aquellos textos que se construyen de manera independiente, sin que tengan nada que ver con los textos a los que se hace referencia. Los versos satánicos de Salman Rushdie no tienen que ver para nada con el Corán, sino que toman el Corán simplemente como una referencia para hacer una construcción de carácter literario. En el mismo caso se encuentra El código Da Vinci. No es que los autores descubran en las escrituras significados realmente ocutos, sino que toman de pretexto una serie de elementos reales para construir un relato literario que es realmente muy creativo, pero que pertenece en realidad a la fición y que no busca enfrentar necesariamente las ideas religiosas.
Sabemos las reacciones que produjo en el mundo Musulmán Los versos satánicos de Rushdie y también la hostilidad del mundo católico por el Código Da Vinci. La creatividad consiste en construir un mundo de ficción fantástico, el que Jesús y María Magdalena fuesen esposos, es una idea creativa y sugerente que pertenece a la ficción. La reacción se produce de la falta de entendimiento y de intolerancia por la creación literaria de parte de algunas personas cerradas.
El relativismo lingüísitco no sólo puso en cuestión la creación literaria, que todos sabemos se produce en la ficción de personajes y situaciones. Se trasladó ese análisis literario a la creación de escritura que describe situaciones reales, como es el caso de la historia en particular. En los 90, Hayden White, un analista británico brindaba una teoría de lo que existía atrás de la escritura de los relatos históricos.
White en su libro Metahistoria elaboró una complicada teoría que resumía en cuatro tropos básicos los diferentes autores historiográficos del siglo XIX. Droysen, Dilthay, Marx fueron pasados por su planteamiento filosófico y clasificados en la metonimia, la sinécdoque, la ironía y la metáfora. Así mismo se ubicó a los autores en el sistema de trama que tenían sus obras para vincularlos en la comedia, la tragedia, la epopeya, la tragicomedia. De este sistema de clasificación, la metahistoria terminó por vincular las ideologías políticas del XIX como el pensamiento liberal, el pensamiento anarquista, el pensamiento socialista y el pensamiento conservador. Una especie de estructura que pasaba inadvertida entre los pensadores a la hora de tramar las historias.
Así Hayden White vinculaba la trama cómica a la sinécdoque y la pertenencia de esta forma al pensamiento conservador. Los liberales fueron situados en la tragedia y el tropos que le asignó fue la ironía. Los anarquistas fueron situados en la epopeya y su tropos sería la metáfora. Finalmente el socialismo sería situado en la metonimia.
Este intento de establecer estructuras que definen ontologías que el hombre no controla, y que definen los sentidos más allá de la propia construcción racional de los discursos, es una visión propia de la posmodernidad a partir de los años 90. Se ha escrito mucha literatura a propósito del encuentro y recuperación de los sujetos en la lectura. No en balde La historia sin final de Michael Ende, se basa precisamente en la consciencia del lector en los planos de la lectura. A ello volveremos mucho más adelante.