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miércoles, 12 de junio de 2013

Generación de Harry Potter, germina la consciencia histórica (II)


La distancia de la Generación X.

No se pueden cortar las generaciones con un bisturí y decir que el estereotipo se cumple para todos, eso no sólo es erróneo, es injusto. Los promedios se establecen sobre dispersiones, máximos y mínimos. La generación X es la generación de mis sobrinos más grandes. Al recordarlos, al tratarlos, la mejor parte de ellos constituyeron gente muy buena, retraída en sí mismos, metidos en una forma de ser que ellos consideran correcta. Vivir para sí mismos no tiene nada de malo, si aún siendo místicos viven de alguna forma para los demás. Escapan de alguna forma de la cosificación del sistema capitalista porque se colocan al margen de su circuito revelándose a su destino.
 
La parte más extrema en sentido contrario lo representan los miembros de la generación X que han hecho de su modo de vida "un éxito" mediocre, en el que el conservadurismo los ha ido atrapando hasta pensar que su estándar es el éxito en la vida y que un éxito mayor es el camino al servilismo de las élites empresariales y políticas del país. Un grupo pequeño que se emociona con el roce de las clases altas, al mismo tiempo que resiente y simula el resentimiento de no ser aceptados dentro de ellas mismas más que como invitados, empleados que son útiles para alguna cosa, pero que son prescindibles, desechables y cuya permanencia, al menos piensan es la valía personal.
 
La distancia de esta generación de fin del milenio, es comprensible con la de principios del mismo. El regreso de una generación con esperanzas, cuando la generación X de fin del milenio es posmoderna, nihilista, cosificada no puede sino ocasionar una reacción comprensible. Los ven como "utópicos" tontos, rebelados insulsos, llenos de estulticia. Cambiar el mundo es una cosa de estúpidos, según esta generación, para los que vale sólo la pena el aquí y ahora. Por eso es comprensible su reacción contra los jóvenes de MORENA o el Yo soy 132.

México Escindido.

Escuelas Privadas, bioterio de dominadores
Nuestro país vive una escisión profunda entre el lenguaje de sus élites y la cultura mexicana. Quizás, en el pasado se dio esto ya en una ocasión, cuando la élite mexicana porfirista adoptó el modernismo y la idea del progreso como el lenguaje unívoco de razón y progreso. Este lenguaje separaba a las clases, entre los pelados y "fracasados" y las personas de bien contra los perdedores. Entre el bien y el mal, entre el reino de Dios en la tierra, como ellos piensan y las clases prescindibles. Un lenguaje fascista escondido en un supuesto pensamiento "católico"
 
Este gran abismo fue el presagio de la revolución mexicana, un México donde se separaban las clases, cuya coexistencia se volvía cada vez más dificultosa, profunda y en el que la cultura se convirtió en el elemento de separación entre los excluidos, la mayoría y los privilegiados.
 
Saber inglés como lengua básica alternativa, estudiar música instrumental, mantenimiento a través del ejercicio, escribir y leer correctamente son los rasgos de personas que se forman en las élites mexicanas, separadas por el abismo del ingreso y el poder. Para ello requieren sistemas muy eficientes de enseñanza que logren mecanizar el idioma y el uso correcto del español. Eso se complementará con los viajes cotidianos de esta élite a países extranjeros, donde la aspiración cosmopolita permite la separación conveniente de quiénes estudian en las escuelas públicas. Español y Literatura se han convertido en un rasgo de separación elitista contra quiénes han estudiado en escuelas públicas y que curiosamente son impartidos por profesores que surgen de la universidad del Estado. La propia élite no tiene la infraestructura para crear sus propios profesores, estos provienen de las escuelas que desdeñan. Algunos por necesidad, otros porque equivocadamente creen que los dejarán de ver como empleados, navegan en su propia cosificación, aunque presienten, saben que nunca serán aceptados, se consuelan con el roce. Son una especie de pervertidos que se consuelan y conforman con el tocamiento, el roce con las clases altas, de las que saben que no formarán parte.
 
Hoy la gran limitación del movimiento Yo soy 132 no lo representa sino el infiltramiento del discurso y los personajes de la élite dentro de ellos mismos. No su rebelión, no encarar y señalar el sistema de control. Sino que en ese "aire democrático" no evitaron el inter clasismo.
 
Pero el movimiento juvenil reciente tiene otra carga menos visible. Estructuralmente las oportunidades son en el sistema embudo, una realidad excluyente donde la gran mayoría no entrará. Lo que ha soportado este sistema es una vez más la red social de las familias mexicanas, donde estas existen.
 
Cómo viven los marginados es una realidad para la gran mayoría de las familias mexicanas. Los padres son los que han seguido sosteniendo a los jóvenes en muchos casos, porque los altos niveles de desempleo juvenil es lo que ha provocado el fenómeno de los Ninis, que no es otra cosa que el desprecio de lo que la propia sociedad neoliberal ha provocado.
 
Entre la generación Harry Pooter, imperceptible para los docentes de la élite, porque es un fenómeno que se gestó en la escuela pública en esta década, un sector importante de los jóvenes comenzó a leer nuevamente, porque sus padres se preocuparon de contarles cuentos, leer libros y sus maestros los prepararon para tener una percepción del mundo. Hoy que tanto se habla del desastre de la educación, la eficiencia no prueba que las escuelas privadas sean mejores, mucho mejores que las públicas en la reproducción de conocimientos. Quizás los alumnos de las escuelas privadas de élite hablen inglés, o escriban bien. Pero sus razonamientos son propios de tartamudos. Un joven de una escuela privada podrá tener buena ortografía, pero tiene cero humanismo. Todo lo sustituye reproduciendo las ideas menospreciadoras de los padres con respecto a la mayoría de los mexicanos. La palabra Indio se sustituyó por la palabra chundo o prole, que sigue siendo una palabra racista por excelencia. Para ellos todos somos chundos o proles porque no nos vestimos como ellos, no tenemos los automóviles de ellos, no viajamos como turistas "culturales" al extranjero como ellos muchas veces a ver Futbol más que a entender la cultura occidental. El conocimiento no es comprensión, es reproducción.
 
No son todos los 132, lo que se revela es la rebelión de los 132 en escuelas públicas, un movimiento parecido al de los indignados, pero que dejó en latencia la rebelión total de estos jóvenes que en una década dominarán el mundo adulto, tanto por su número, como por el hecho de que más bien que mal, la escuela pública es el biotero de los pensadores del país. El "éxito" de la elite no obedece a su gran preparación, sino al hecho de que son sus redes sociales y familiares las que les procuran trabajo. No es por el talento, sino porque establecieron un monopolio en donde no hay competencia porque estamos excluidos quiénes nos formamos en escuelas públicas. Sólo les servimos como formadores de sus hijos, no como pensadores. Una educación así sólo refuerza el elitismo en nuestro país.

La generación X de fin de milenio siente enormes celos de la nueva generación porque poco a poco en dos décadas serán desplazados por una generación mucho más consciente, mucho menos conformista y mucho mejor preparada. Los profesores de esta generación son en su mayoría no buenos profesores, pero unos cuantos si los tienen, como los tienen en esas partes que rompen la regla de los profesores en los 30. Quizás la elite tiene buenos profesores, pero el conocimiento que tienen es mecánico, no profundo con una carencia total de humanismo. La falta de humanismo, que sustituyen con religión católica, será el principio del fracaso de la confrontación de ambas generaciones. Tienen los medios, pero no tienen los conocimientos humanos necesarios para reproducir la dominación social. Vivimos entonces una ruptura profunda que quiere detenerse cambiando los planes de estudio de las universidades y transformándolas hacia la educación bancaria de las escuelas privadas que muy poco o nada tienen que ofrecer en términos de ciencia, tecnología y sobre todo de enseñanza de las humanidades en nuestro país. Por eso el poder quiere destruir las humanidades en la escuela pública y transformar la educación en la misma educación mecánica de los que tienen buena ortografía, pero son incapaces de llenar con humanismo y con humanidad sus actos.
 
Todo esto presagia una confrontación futura en la que los jóvenes serán protagonistas de dos México que comenzamos a vivir hoy. La diferencia entre ambos no es su capacidad de hablar inglés, que lo hablarán, sino su posibilidad de comprender éticamente lo que sucede en una sociedad en la que el ser humano ya fue relegado de la acción humana. Una clase emergente, diría yo, una clase decembrina.