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sábado, 27 de julio de 2013

La inmolación de la democracia electoral en México

La inmolación de la democracia electoral en México.

Las lecciones de la Oligarquía mexicana.

Los trabajadores esperan sangre, sudor y lágrimas.
La oligarquía mexicana aspira a un régimen aristocrático, donde está excluida toda expresión de la izquierda mexicana y cuyo control político se basará en un corporativismo de partidos que se ven beneficiados por las concesiones de una clase política que ya excluyó a la ciudadanía. Asistimos al fin del sueño democrático mexicano y a un proceso de mediano plazo donde cualquier cambio no transitará por la vía democrática.
 
2012 no significó el fin democrático. 2012 no fue sino la repetición mediocre de lo que había sucedido en 2006, la socialdemocracia mexicana fue incapaz de llamar a una movilización para derrocar la imposición antidemocrática y con ello sentó un precedente funesto del que se agarró la partidocracia que gobierna para la oligarquía de nuestro país. La Oligarquía dio una señal muy clara, la izquierda electoral no gobernará el país, ellos son los que otorgan el gobierno y su conservadurismo les impide jugar a la democracia burguesa. Prefieren un régimen autoritario y no democrático a concederles a los socialdemócratas el poder, como pudiese acontecer en cualquier otra democracia burguesa de este tipo.
 
Los resultados de los comicios de 2013 muestran que las clases bajas van retirando la confianza no sólo en el sistema electoral, sino también en la izquierda mexicana. Encinas reconoce que el PRD estaría transitando al tercer lugar electoral e incluso en algunos estados al cuarto. La toma del PRD por los chuchos y por Cárdenas a la luz de las negociaciones del Pacto por México, significa la ruptura de la izquierda electoral mexicana con las clases bajas y por el proteccionismo del Estado prometido por el programa socialdemócrata.
 
Si las élites mexicanas no desean jugar a la democracia clásica permitiendo que las fuerzas electorales legales jueguen, las clases bajas dejan la arena electoral para sumirse en un abstencionismo activo que determinará que el PRI ganará los espacios electorales suficientes para poder restaurar al menos un régimen de Partido dominante, teniendo como comparsas al PAN y al PRD. Los pataleos del la "oposición" son para ya no perder los espacios que la ciudadanía mexicana alguna vez les otorgó. La confianza se pierde y eso augura cosas muy malas. El sistema democrático es el mejor equilibrador de los conflictos sociales, en México esta ya es una vía cancelada.

El antagonismo antitético de las clases en México.

Sin democracia en México, el juego de los conflictos sociales será violento. La vía militar y no el juego democrático es la funesta señal de que hay una incapacidad del Estado para conciliar los conflictos y por lo tanto tener a la socialdemocracia mexicana como un amortiguador de los mismos. La oligarquía mexicana se cancela por sí misma esta vía ante la arrogancia de que los demás no cuentan, la decisión de ellos mismos es suficiente.
 
La configuración de una partidocracia como régimen político, con la libertad de usufructuar el gobierno, a cambio de permitir la realización de los negocios, sin más ley que el gobierno para la oligarquía, rompe todo principio de convivencia social basada en un pacto constitucional. La constitución dejó de ser un punto de cohesión, ahora se modifican las leyes para los de arriba. Y esto, como hemos venido diciendo en estos artículos se refleja en el tipo de educación que recibe la élite, en su residencia a distancia en los Estados Unidos y en la falta de apego por la suerte de los habitantes del país. Hay indolencia y esta indolencia se produce por un proceso por el que atraviesan las aristocracias latinoamericanas que se alimentan en los Estados Unidos. Administran aquí, se llevan la riqueza del país, pero por su seguridad viven en los Estados Unidos.

Dos maneras de ver de los de aquí y los de allá y por lo tanto dos aspiraciones distintas en lo que comienza a ser dos México. El México de los discursos y la publicidad; el México en profundidad que vive una realidad cotidiana de miseria, violencia y agravio del poder, mientras sobrevive en su cotidianeidad gris y miserable. La muerte, el exterminio, el abuso de poder es lo que dejó el México de la transición, mientras que la población experimenta la miseria y la relación clientelista con un poder que le lanza migajas, mientras la clase política vive escandalosamente en una riqueza incomparablemente asimétrica. No es la población, es la propia estructura la que ya conlleva una violencia sistémica que se prolonga por más de 30 años. Y la voracidad y el abuso siguen como si lo que se quisiera es provocar un encontronazo final entre el poder, la élite y la mayoría pobre de este país. La crisis integral del sistema capitalista, tiene en México un polvorín que es un peligro latente en la estabilidad social. La clase política y la élite apuestan a mantener la paz social con medidas tecnocráticas y con la promesa de que habrá crecimiento algún día, algo que se llevan décadas de espera.

Fin de la democracia electoral.

El control de los votos a través del reparto de dinero es el principio del fin contra la posibilidad de la democracia electoral mexicana. La restauración priísta consiste en retomar el monopolio político de las fuerzas políticas mediante la coacción del voto o su compra. 2006 marcó la falta de capacidad social y política del Estado mexicano para aceptar alternancia y otras fuerzas políticas fuera de la derecha. 2012 mostró que el Régimen priísta busca su restauración mediante el control electoral a la vieja manera del Partido Nacional Revolucionario en 1929. La diferencia ahora es que el PRI dejó de ser nacionalista y se ha convertido en el puntal de las transnacionales contra el pueblo mexicano.
 
La elección violenta de 2013 marca la tónica que seguirá el PRI en el proceso de restauración como partido dominante y si lo logra en el mediano plazo como partido hegemónico. La pobreza y la compra de votos será el final de la transición democrática mexicana que jamás se logró. El fin de la transición democrática y la cancelación de la vía electoral para la transición marca que el cambio en el futuro será por medio de la violencia. El PRI y la oligarquía no permitirán otras fuerzas que no sean las suyas. Se pinta un horizonte negro para la política en nuestro país. La diferencia es que hoy existe una sociedad civil formada que dejará de moverse en los marcos institucionales, mientras que el PRI manipulará las fuerzas para preservarse en el poder.

Colaboracionismo de los partidos.

El fin de la luna de miel con las masas terminó. Los partidos de la "izquierda" electoral se entregan al colaboracionismo con el poder y a alianzas electorales oportunistas y poco rentables. El deslinde de MORENA no es una gran esperanza si consideramos que Obrador perdió la posibilidad efectiva de llegar a un poder sin superar el obstáculo del fraude o la asimetría en la aplicación de dádivas a una población en harapos.
 
El Pacto con México es el fin de la relación de los partidos con las masas y el refrendo de los partidos hacia los intereses de las élites. El resultado es sin lugar a dudas el abandono de grandes núcleos de población sobre la esperanza electoral y el regreso a altos niveles de abstencionismo electoral. La gente ya tiene el presentimiento de que navegará en una inercia de sobrevivencia en la que cada quién tendrá que ver por sí mismo. Tarde o temprano la falta de crecimiento económico y la guerra social arrinconará a los asalariados del país.

Hace falta un programa político.

Ni la izquierda electoral, ni su alianza con la derecha en el país son la vía política de ningún cambio. Esto desplaza la política para las masas de la resistencia general y por lo tanto la necesidad de aclararse programáticamente la salida. La guerra contra los asalariados esta en todos los rubros. Sin salud, sin bienestar, sin sindicatos, ni salarios remunerados, sin incidencia política y sin un financiamiento que vea para la mayoría, la entrega del petróleo, una guerra contra el crimen que mata a los trabajadores, una guerra contra las mujeres que aumenta el feminicidio, ninguna concesión a los trabajadores y todo para la elite.
 
A nuestra clase le faltan dos puntos del consenso de Washington, están a punto de ganarlo todo. La política energética que entregue finalmente los recursos del Estado al capital y la reforma fiscal orientada a un pago draconiano de impuestos contra los más pobres, que padecen el outsourcing, los empleos precarios, el desempleo juvenil masivo y la reducción de las salidas en educación.
 
Frente a esta situación estamos frente a la bancarrota del programa socialdemócrata y el advenimientos de un programa más radical necesario. La clase trabajadora y su ausencia de programa político no tiene más que sangre, sudor y lágrimas.