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sábado, 2 de enero de 2010

Una generación, dos visiones, la enseñanza de la Intolerancia en México.

Separados por escasos 5 días tuve un reencuentro con dos grupos de mi generación en días recientes. La primera fue con un grupo de mis antiguos compañeros de la Escuela Nacional Preparatoria y la segunda fue con antiguos compañeros de la Escuela Secundaria.

Aunque lo entrañable del encuentro con ambos grupos fue la nota común, no les veía en por lo menos una década, el encuentro también marcó la polarización que la sociedad mexicana vive tras la elección de 2006. Mis primeros amigos, consonantes con una izquierda progresista, preparados todos, existosos en el terreno académico y gente que ha aportado grandes cosas en sus propios ámbitos profesionales. Críticos, profundos, inteligentes, trabajadores contrastaron mucho con el segundo encuentro.

Con mis compañeros de secundaria, muy cercanos personalmente y entrañabales por lo que representan, el haber coexistido en la etapa importante de mi pubertad, existió menos empate en términos de la percepción social. Nuestros caminos se bifurcaron cuando ellos admiraban el porrismo de la educación media y cuando a pesar de escuchar la misma música, compartir aventuras y juegos, ellos terminaron sin estudiar, con vidas más bien laboralmente tempranas y con cierto exito como empleados de empresa y vida privada.

La conversación con mis compañeros de preparatoria fue como miel sobre hojuelas, los Doors, los Stones, las chicas de la preparatoria, las proezas políticas, el pesimismo político de un México con pocos resultados, todos con un conocimiento profesional en economía, coincidímos en el diagnóstico nacional. Todos colaboramos con el gobierno en las fases anteriores de crecimiento y ahora compartíamos el pesimismo de la recesión y la crítica en contra del deplorable estado en que el actual gobierno tiene al país. Todos pusieron en riesgo su integridad y marchamos juntos por los cambios del país en causas políticas importantes.

Con mis compañeros de secundaria fue, a pesar del respeto que hubo, un tropezar continuo, el empleo de mucho tiempo para aclarar porqué pensamos diferente y desmentir la seguridad con la que se tocaban temas hueros y vanales como Juanito, el matrimonio de homosexuales, el accidente o el asesinato industrial en Pasta de Conchos y la intolerancia o locura de López Obrador. Alguno de mis amigos increpaba que él no podía criticar al Presidente, al país, que eso era lo que enseñaba a sus hijos. ¿Qué vendes a la empresa para la que trabajas consciencia o conocimiento? le respondí. Yo tengo con mi trabajo una relación contractual, no de servidumbre... paré su comentario.

Vivimos en la misma sociedad, sin embargo la sociedad mexicana experimenta un gran contraste, en la que podemos constatar que el régimen político de Acción Nacional en el gobierno apuesta a la intolerancia y a una visión perfectamente excluyente y antidemocrática. Sus más leales subordinados, los que se han beneficiado de su acción reproducen el mismo comportamiento.

¿Por qué la sociedad mexicana no se permite el lujo de alternar el poder entre la izquierda y la derecha? Les dije a mis excompañeros de secundaria. Nosotros, quienes nos permitimos el progresismo, le dimos la oportunidad a la derecha de gobernar en el 2000 y sin embargo, el conservadurismo mexicano es incapaz de permitir que los otros gobiernen. El discurso conservador en México es a la vez de intolerante, vacío, antidemocrático, excluyente, falaz y basado en las reducciones que repiten los medios de comunicación, no es capaz de tolerar en los otros la capacidad de gobernar. Llama la atención la deshonestidad y la descalificación. Si no reconoces el derecho de los otros de gobernar, lo que se produce es un trastocamiento de las reglas de convivencia y pretextos que impiden el ejercicio democrático, es decir la distribución del poder en la sociedad.

Una y otra vez tuve que explicar la diferencia entre legalidad y legitimidad. La legitimidad es un concepto weberiano que nomás no le entra en la cabezota al panismo. No puedes precindir de los que no son tuyos para gobernar, porqué el gobierno civil es el gobierno para todos, los partidarios, los ausentes y los disidentes.

Sorprendentemente mis amigos, los que fueron violentos, los que en su adolescencia fueron porros (1) de educación media e instrumentos de intereses, ellos son los que condenaban la supuesta "violencia" del candidato de la izquierda. Repetían lo que Nómada ha venido repitiendo aquí, lo que dicen los medios, lo que dice la intolerancia del PAN, los pretextos para fraguar un México excluyente, intolerante, consevador, mojigato.

Para la derecha mexicana, el discurso socialdemócrata es un discurso radical y violento. Para ellos la violencia es la movilización social, la resistencia pacífica, los grupos de presión y opinión disidentes a sus criterios.

En México no opera una cultura política democrática, sino una polarización preocupante, un activismo de derecha sumamente excluyente propio de los momentos previos al golpe de estado chileno, que no entiende el desastre nacional, ni a los de abajo, que repite fórmulas ideológicas tan poco sustentables y vacías que preocupan para el futuro del país. Oportunismo y servilismo, para un régimen que se cae a pedazos, mientras que todos presentimos el regreso del PRI. Este oportunismo ya se prepara para la cargada, la izquierda, nos dicen, jamás debe gobernar al país. Peña Nieto es el candidato de los que ya presienten que el PAN va a la debacle.

Es preocupante, porque la exclusión y el monopolio del poder, en lugar de su distribución en México, podría terminar lamentablemente en una guerra civil. Les decía a mis compañeros de secundaria a contracorriente, la izquierda electoral en México, que ustedes tanto descalifican, es la última parada pacífica antes de una guerra civil en México. El país puede darse el lujo de que gobierne la derecha y la izquierda, no debe darse el "lujo" de que la polarización termine en un Golpe de Estado de la Derecha o en una guerra civil de los sectores marginados, porqué el Estado que es incapaz de dar solución al conflicto social, nos conduce a la violencia, me parece que mis ex compañeros no me entendieron.

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(1) En los peores momentos del autoritarismo priísta, el gobierno financiaba grupos de estudiantes que eran golpeadores de otros estudiantes para impedir que creciera el movimiento estudiantíl. A estos grupos se les llamaban "porros" pues nacieron de las "Porras", grupos de animación del futbol americano cuyo objetivo era establecer grupos de choque, semi paramilitar contra la disidencia política del sector estudiantíl. Estos grupos siguen siendo financiados por sectores del régimen ahora contra las propias universidades.