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sábado, 27 de marzo de 2010

La lección del asesinato de los estudiantes de maestría del InstitutoTecnológico de Estudios Superiores de Monterrey ITESM

No es lo mismo percibir el país desde el extranjero, que vivirlo en carne propia en este México violento. Es fácil apoyar al gobierno federal cuando se leen las noticias a lo lejos.

Los rumores, relatos, quejas dentro de la sociedad en torno a la "Guerra Calderón" se van confirmando con las noticias. Una amiga de Durango, me decía que la situación en ese estado era insoportable. El ejército no sólo protagoniza balaceras con civiles en medio, dispara en los retenes, sino que catea domicilios a discreción. Nadie los detiene, nadie los regula y los abusos son comunes sin que autoridades civiles de ningún rango haga nada. A las peticiones de que el gobierno federal ponga solución, la respuesta es evasiva y contundente, el ejército seguirá haciendo lo que esta haciendo.

Entre los rumores que circulan esta el de una guerra sucia, en la que bajo el pretexto de que son "gatilleros", "sicarios" o "narcos", el ejército no responde por las víctimas civiles y peor aún las esconde. Este rumor de ocultar bajas civiles diciendo que son narcos es precisamente lo que se reveló en los incidentes del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.

La balacera fuera del ITESM fue el pretexto para que los militares usaran el Instituto como trinchera para defenderse de un grupo armado al que se enfrentaban.

Más allá de que el ejército se enfrentara en un lugar lleno de civiles, el enfrentamiento reveló una práctica que se sospechaba. Dos estudiantes del Tecnológico fueron alcanzados: Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo. Los soldados les quitaron las identificaciones y posteriormente la Defensa declaró que se trataba de sicarios.

Los familiares que los identificaron el el Servicio Médico Forense, revelaron que se trataba de dos estudiantes de excelencia del ITESM. Las autoridades del Tec de Monterrey, como se le conoce popularmente, desmintieron a las autoridades federales y castrenses, que tuvieron que dar marcha atrás a sus declaraciones.

La gravedad del suceso es que quedó al descubierto la falta de ética de las autoridades militares y lo peor, el procedimiento de convertir a las bajas civiles en bajas del narcotráfico como sistema.

Esto ha levantado desde luego, una ola de protestas en contra del Ejército mexicano con toda razón y una gran indignación entre los ciudadanos de Nuevo León.

Por todos lados, desde las autoridades norteamericanas, hasta las mexicanas, le han venido diciendo al gobierno federal que su estrategia de enfrentamiento debe ser revisada. Calderón que apuesta a fortalecer a la corporación militar, necio y sordo, insiste en dar carta abierta al ejército mexicano.