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domingo, 22 de noviembre de 2009

Si la envidia fuera tiña...

Hemos hablado en este blog de ética y de emociones. He insistido en que la moral no es lo mismo que la ética a pesar de que provienen de la misma raíz y del mismo tratamiento filosófico.

El comportamiento humano se valora a partir de la reflexión de los actos el ethos humano.. Quizás uno de los libros más antiguos de la ética es la Ética eudemia de Aristóteles, que por cierto contiene en una de sus partes, sobre todo el referente a la amistad, la famosa ética de Nicomaco, dirigida al hijo del filósofo.

El primer capítulo de la Ética eudemia abre con un apartado cuyo nombre es por demás contundente: La felicidad.

El comportamiento humano ético tiene por objetivo alcanzar la felicidad humana y por ello explora no sólo las causas de la felicidad, sino los modos de alcanzarla.

Los vicios y las virtudes del comportamiento son respectivamente los obstáculos y los vehículos para alcanzarlas. Es curiosa el listado de vicios a los que les contrapone virtudes:

iracivilidad <-> dulzura

temeridad <-> valor

imprudencia <-> modestia

embriaguez <-> templanza

aborrecimiento <-> indignación virtuosa

ganancia <-> justicia

prodigalidad <-> liberalidad

fanfarronería <->veracidad

adulación <-> amistad

complacencia <-> dignidad

molicie <-> paciencia

vanidad <-> magnanimidad

fastuosidad <-> magnificiencia

picardía <-> prudencia

A diferencia de la moral, la ética no es un conjunto de sentencias prescrptivas para el comportamiento, sino el tratado de valoración de los actos humanos como medio de alcanzar la felicidad.

Los valores humanos no son sentencias morales, son bienes que todos los seres humanos queremos poseer y las virtudes son actitudes que a todos los seres humanos nos gusta encontrar en los otros y a los otros en nosotros mismos. Por eso las virtudes de acuerdo a Aristóteles son el vehiculo de alcanzar la felicidad a través de los comportamientos de los seres humanos.


sábado, 13 de junio de 2009

"El malestar en la cultura", RIII

7 Pero la sociedad también canaliza la agresividad dirigiéndola contra el propio sujeto y generando en él un superyo, una conciencia moral, que a su vez será la fuente del sentimiento de culpabilidad y la consiguiente necesidad de castigo. La autoridad es internalizada, y el superyo tortura al yo 'pecaminoso' generándole angustia. La conciencia moral actúa especialmente en forma severa cuando algo salió mal (y entonces hacemos un examen de conciencia).
Llegamos así a conocer dos orígenes del sentimiento de culpabilidad: uno es el miedo a la autoridad, y otro, más reciente, el miedo al superyo. Ambas instancias obligan a renunciar a los instintos, con la diferencia que al segundo no es posible eludirlo. Se crea así la conciencia moral, la cual a su vez exige nuevas renuncias instituales. Pero entonces, ¿de dónde viene el remordimiento por haber matado al protopadre de la horda primitiva, ya que por entonces no había conciencia moral como la hay hoy? Según Freud deriva de los sentimientos ambivalentes hacia el mismo.
8 El precio pagado por el progreso de la cultura reside en la pérdida de felicidad por aumento del sentimiento de culpabilidad. Sentimiento de culpabilidad significa aquí severidad del superyo, percepción de esta severidad por parte del yo, y vigilancia. La necesidad de castigo es una vuelta del masoquismo sobre el yo bajo la influencia del superyo sádico.
Freud concluye que la génesis de los sentimientos de culpabilidad están en las tendencias agresivas. Al impedir la satisfacción erótica, volvemos la agresión hacia esa persona que prohíbe, y esta agresión es canalizada hacia el superyo, de donde emanan los sentimientos de culpabilidad. También hay un superyo cultural que establece rígidos ideales.
El destino de la especie humana depende de hasta qué punto la cultura podrá hacer frente a la agresividad humana, y aquí debería jugar un papel decisivo el Eros, la tendencia opuesta. Resumen: PC