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miércoles, 27 de mayo de 2009

Carl Sagan y El mundo y sus demonios.

Este título no fue elegido al azar. como lo tampoco fue el subtítulo, El conocimiento social de las masas.

Hagamos un contexto de esa discusión.

Al final de su vida Carl Sagan, el célebre físico divulgador de la ciencia con obras tan importantes como Cosmos o Los dragones del Edén, terminaba su vida fastidiado por la tendencia de la "gente común" en persistir en supercherías, en lugar de aprender de la ciencia. Por eso uno de sus últimos libros se llamó El mundo y sus demonios.

Sintetizando y traduciendo ese texto a un lenguaje mucho más llano, aunque no dejo de recomendarselos, Sagan se opone a que la gente común persista apostando por mentiras anticientíficas, en lugar de apostar por el método científico y de comprobación. La gente prefiere seguir pensando en extraterrestres que seguir los estudios serios que los han buscado, inventa historias de secuestros de alienigenas, en lugar de maravillarse por el conocimiento logrado y consolidado por la ciencia. La ignorancia es el mayor demonio de la humanidad, sostiene en este texto.

Los ejemplos de esta actitud son copiosos. Una mujer habla de que los alienigenas vinieron y la secuestraron para analizar su aparato reproductivo y poder controlar la reproducción. Con el conocimiento de la genética, teniendo las claves del genóma humano, ¿para qué revisarle la barriga a una mujer, seres que se supone vencieron la distancia de millones de años luz? Con esa tecnología, el código genético sería más que suficiente. Pero los relatos de secuestros de alienigenas son mucho más populares. El conocimiento astronómico no.

Sagan denunciaba que quienes toman decisiones en el mundo no son precisamente los más capacitados. Reagan leía su horoscopo antes de tomar una decisión importante y con esa "sapiencia" prefirió cancelar las investigaciones sobre el espacio del presupuesto norteamericano. Esa preferencia de la cultura popular, por los fantasmas y los espíritus, nos regresa en la historia a la era animista.

Me molestó el giro de sentido común y poco compromiso con lo que realmente establecía Sartre. Es la lectura de la Crítica de la razón dialéctica y no la Wikipedia, lo que nos permitiría rescatar dicho pensamiento. En lugar de corroborar la relación objeto-sujeto en esa obra y de ver las correlaciones con El existencialismo es un humanismo, la discusión se tornó a eso que precisamente quiero siempre evitar. Convertir el debate de un asunto en una descalificación Ad hominem. No creo que enredándonos en acusaciones mutuas se pudiera resolver a Sartre.

El subtítulo surgió de la reflexión de porqué se producía todo esto. Sagan sólo recogía algo que el propio filósofo cartesiano José Ortega y Gasset publicaba en El Sol de España en los años 30 del siglo XX. Reunido posteriormente estos ensayos en La rebelión de las masas, Ortega daba cuenta de los peligros de la alienación y del funcionamiento de lo que enunció como el hombre masa media. Ortega advertía desde la primera parte del siglo XX, lo que Sagan constataba a finales del siglo XX. El problema del hombre medio en nuestra sociedad es su actitud de "suficiencia" frente al conocimiento. El hombre masa media tiene el problema de que quiere hablar de todo, incluyendo lo que no conoce y lo hace con una soltura tal que no es mesurado a la hora de emitir opiniones, siente derecho a decir cuanto se le ocurra, sin tener ningún freno y sin tener ninguna base. Este problema que se produce sobre todo en las sociedades capitalistas o industriales, es uno de los males del mundo moderno y contemporáneo.

Ortega nos dice que este mal, el vicio de las opiniones sin sustento, se debe a que el hombre medio padece de dos vicios, rechaza cualquier regulación y por lo tanto no se norma, y padece de la necedad necesaria para imponer sus ocurrencias. Ciertamente Ortega puede parecer pedante y autoritario, pero en realidad nos previene de la ignorancia que constata Sagan. En nuestro mundo se dan cosas como la señora que haciéndose la interesante le dijo a Albert Einstein, Señor Einstein su teoría de la relatividad me parece maravillosa, a lo que el físico alemán contestó, señora, a mi me parece terrible. Ella creía entender, le faltaba algo, un conocimiento básico de matemáticas para decifrar esto del E=mc2.

Mi llamado no era a la pedantería, sino a la mesura. Conocer a Sartre es algo tan importante que lo mejor sería conocer lo que dice sin sobre interpretarlo. En mi caso, no me he apoyado en la mera lectura de La crítica de la razón dialéctica, sino que he procurado acercarme a quién puede leerlo de manera adecuada. Para eso son las escuelas. Un investigador universitario como yo, formado en la academia, sabe que hay cosas en lo que uno puede ser autodidácta y otras cosas en las que necesita uno ayuda. Entender la teoría de la relatividad pasa por entender las aportaciones de Mach y por tener una idea aproximada de lo que es el cálculo diferencial e integral. Si uno no quiere tropezar como Lenin en su materialismo y empirocriticismo, lo mejor es entender a fondo las cuestiones de ciencia, de lo contrario puede uno ser refutado como le sucedió a Vladimir cuando Anton Pannekoek lo evidencio en su Lenin filósofo. Ser marxista tampoco implica saber a fondo lo que es la ciencia.

Para conocerlo es necesario acercarse a aquellos que lo han leído como Adolfo Sánchez Vázquez, Ramón Xirau o Bolivar Echeverría, menciono a estos filósofos porque ellos se encuentran en la Ciudad de México y basta acudir a sus cátedras a la UNAM para poder trabajar estos temas.

Uno de los problemas del debate que refiere Nómada es precisamente que a cada paso ya nos tropezábamos en una especie de diálogo de sordos. Lo hacíamos precisamente en otras discusiones pues Krathos y Ethos en P y CP, buscaba hablar de política y no de existencialismo. El título de la discusión, prevenía y llamaba a la mesura en temas tan difíciles. Si a cada paso el tripiezo era intevitable, entonces el ubicar las dos distancias que deberíamos tomar era necesario. No al sentido común, ideológico, cosificado, falso y sí a la busqueda de la interpretación de calidad de Sartre, una lectura mucho más correcta del mismo.

Tener diferencias, no significa que tengamos que "ganar" la discusión, demostrándo que el otro no sabe o no tiene la razón. La lectura razonada y seria, debía de ser una luz interior en la que lo mejor sería detenerse allí dónde no necesariamente no sabemos exáctamente a qué se refiere el autor Sartre en sus postulados. No podemos ir más allá de lo que no conocemos y la mejor actitud es la regulación de nuestras opiniones ante los límites de nuestra ignorancia. De lo contrario la discusión derivaría en un "aquél lo enreda todo" y "la otra opinión no sabe". Si navegamos en Sartre hay que aprender por lo menos a reproducir sus planteamientos sin traicionarlo, es decir poniendole cosas que Sartre jamás dijo.

Establecido esto, podemos con mesura y sensatez, adentrarnos al tema que se guste, con responsabilidad.