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lunes, 1 de junio de 2020

La era de la estupidez en la edad de la información

La era de la estupidez en la edad de la información

Esta generación promete es maravillosa, pero tiene contrastes, de lo bueno lo mejor y de lo miserable lo peor. Es como mucha, pero acá se juntan extremos. En la década reciente no habíamos visto la visión desorientada, no ética arrogante y estúpida de muchos jóvenes que creen que porque tienen voz, expresan la neta del planeta. Pero sus palabras no sólo se expresan en palabras, se traducen en actos, en destrucción y disolución comunitaria. Un diálogo intolerante y disolvente que es cobijado por el anonimato cobarde y su continua agresión cuando tienen oportunidad.

Un comentario de un chavo cagón de apellido Rodríguez habla de la necesidad de "respetar datos reales" de una encuesta mal diseñada y peor distribuida en la población que quiere medir. No es que no se tenga derecho a querer encuestar la opinión de la población, el problema es que algunos alumnos en ciencias sociales no saben ni para qué sirven las encuestas, como se controlan, como se distribuyen y el pilotaje que debe hacerse antes de aplicarlas. Que aplicarlas casi al azar, lo que puede medir es una opinión sesgada donde curiosamente feministas aplicando encuesta de feministas obtienen aproximadamente el 75% de respuestas de mujeres en una población en donde al menos 48 % de la misma son hombres. ¿Raro? Qué sus datos a pesar de estar mal distribuidos reflejan todo lo contrario a lo que están sugiriendo. Ellas dicen que hay que suspender los cursos porque una "gran cantidad" de estudiantes no pueden tomar las clases. Cuando sus propias cifras en menos de la mitad de esa población al menos reflejan que el 80% de la población escolar cuenta con medios para poder llevar a cabo las vídeo conferencias. Estadísticas extrañas en las que separan hombres, mujeres y "otros" los cuáles deberán ser marcianos.

Es curioso pero quién les ayudó a diseñar dicho ejercicio de consultar al azar a la población es la misma que es vista frente al monitor de su excel sacado su calculadora para ver si las cuentas del programa están bien hechas. La Iglesia en manos de lutero. Es la misma que habla de proyectos de investigación cuando ella no está adscrito a ninguno, o cuando alguno de sus correligionarios confesó que no había tomado jamás el classroom de google para realizar sus clases. Pero estos son los que quieren normar las evaluaciones para todos los tiempos y todas las condiciones, adscribiendo a lo que ellos dicen las normas. Diletantes manejando aceleradores de partículas. 

Cuando la semántica de las palabras pierde sentido

Hoy se quiere insultar con cualquier palabra. Porro es la palabra que pone un cobardón que se pone Trasient, cuando el tipo en su vida a visto uno. Lo que se le puede desear es que se le aparezca uno para que vea el riesgo de la perra que nunca ladraba.

Es tan iluso, diría tan imbécil que cree que un ejercicio de consulta que cualquiera con un conocimiento mínimo puede aplicar y bien, no de manera mal distribuida es "hacerle la chamba" a las autoridades. Los aprendices de brujos queriendo mover las escobas. Y no permitiendo que los profesionales hagan su trabajo.

¿Qué será de toda esta escoria humana que sólo tiene ínfulas y no conocimientos? Es probable que quieran invadir el área de otros campos diferentes al suyo porque para ellos no habrá chamba dada no sóla su incapacidad, sino el reducido campo de trabajo que contienen sus profesiones. Hoy estos que piden que les regalen el 8 bajo el argumento Ad Misericordiam de que pobrecitos, como sufren, serán los mismos que llevarán al desprestigio una institución que ha ganado bien ese prestigio gracias a los que trabajamos ahora. Ellos que no aprobaron las materias porque estaban legitimados en el paro, en la lucha, en la destrucción de escuelas, serán los que en un futuro no lejano integrarán el ejército industrial de reserva, parasitando las escasas pensiones de sus padres que si trabajaron toda su vida, mientras que su vida como baquetones sólo tendrá lo que hoy tienen NADA. Hasta que la vida de sus progenitores alcance, porque después se acabará la beca en un Estado que se aproxima a la bancarrota y como Pearl Buck nos previene en su novela, cuando se acabe el arroz, asaltarán la casa del señor, o bien servirán para doblegar a las guardias rojas que pretenden su liberación.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Entre lúmpenes te veas

El barrio popular, la gente de escasos recursos, su comuniatriedad y su necesidad de sobrevivencia. Si se ha hablado de los yuppies, es justo hablar de la gente pobre con la que he convivido en la Ciudad de México. Un servidor no proviene de las clases bajas, sino de las clases medias de la ciudad.

Desde niño descubrí a otros niños que pertenecían a las clases bajas, con uniformes luídos de tercera generación, descoloridos por el uso y el lavado, no limpios porque quizás en su casa no había agua corriente y muy probablemente trabajaban porque asistían al turno vespertino. Existen dos tipos de gente de clases bajas, los hijos de obreros y campesinos y los que de alguna forma se ganaban ya desde entonces la vida en el desempleo de la ciudad. La gente de barrio, el muchacho de las esquinas que se reune en grupo.

A pesar de mi aspecto, no soy persona que se vea de clase baja, en mi adolescencia logré empatar con chavos de mi edad que pertenecía a las clases bajas. El trabajo popular, en el barrio de la Candelaria y luego en Santo Domingo hizo que me pudiera incorporar con chicos trabajadores en labores de organización y tejido de redes sociales.

La religiosidad en las clases bajas esta presente, frente a una vida muy dura, cualquiera se dobla a suplicar a Dios por su suerte y solventar sus carencias. Los salarios son bajos, la vida frugal y la escacés son la regla. A los niños de escasos recursos se les pretendía educar con mucha violencia. Los castigos que tenían ellos, hacían palidecer cualquier severa reprimenda de mis padres. Y sin embargo el muchacho pobre de la Ciudad es muy creativo. Recuerdo a uno de ellos inventando como sacar recursos para comprar una pelota y tener para refrescos. Fuímos a unos edificios cercanos y les pedimos a los habitantes nos regalaran periodico. En una mañana juntamos varios alteros que luego el llevó a un estanquillo cercano y se los vendió al dueño de origen español. Con eso compramos una pelota de plástico y nos disparó a cada uno refrescos con los que saciamos nuestra sed al final del juego de futbol. Este muchacho al que le decían el Pichos, se hizo mi amigo. Un Huckleberry Finn en la Ciudad de México, con fuertes problemas familiaes pero con una creatividad propia de quién sobrevive en el barrio. Yo creí que eras de esos niños sangrones que sobreprotege su Mamá, me dijo, rectificando la idea que mi aspecto de niño daba la impresión, pero eso era una rectificación porque me brindaba su amistad y me daba la bienvenida a la pandilla, yo tendré un aspecto no muy popular, pero en mi vida he sido entrón, no que no me de miedo, simplemente he aprendido a no echárme para atrás.
Y es que no siempre mis vivencias en este medio fueron tranquilas, entre ellos había quién me rechazaba y a quién no le caía bien, las trompadas y las patadas, el pleíto ha sido siempre en el barrio la forma de dirimir diferencias. Lo aprendí desde muy niño y lo reafirmé en la adolescencia. Fue quizás en este momento que aprendí este sentimiento que enuncia John Reed en la Guerra en Paterson. A pesar de que mi familia no carecía de alimentos, recursos y que no tenía problemas para mi educación, los niños que estaban a mi alrededor carecían de todos. Yo jamás me he sentido satisfecho por yo tener ls indispensable, cuando veo que los demás no lo tienen, ver la pobreza es algo a lo que jamás me ha hecho indiferente. Esta metafísica marcó toda mi vida y sigue definiéndome.
También logré definir muy a tiempo la frontera entre la honradez y el trabajo del camino fácil del robo y la delincuencia. Entre la gente de escasos recursos existe esta frontera. Recolectar periódico y venderlo es una actividad honrada, sustraer cosas que no nos pertenecen, no. Es la diferencia entre quién se convierte en trabajador y quién no trabaja.
Pero tampoco es un asunto claramente moral. Una gente que sustrae porque busca sobrevivir, no es el mismo que una persona que roba como modus vivendi. Hay trabajadores y hay lúmpenes que se convierten en ladrones. Aún en el medio académico, los lúmepenes que escalan no dejan de tener un discurso torcido no claro. No es lo mismo tener un sentido claramente comunitario, de tener un  sentido robar como modus vivendi. Y no es claramente moral porque entender a quién sustrae pasa por la pregunta ¿usted alguna vez a dejado de comer por muchos días?
La gente que no tuvo oportunidad más que de alfabetizarse, hacer cuentas, es gente que ha sido colocada de manera muy sencilla entre los oficios y las profesiones de las clases pobres de nuestro país. Sentarse con ellos, convivir, entender sus pensamientos, solidarizarse, es reconocer que los seres humanos tenemos muchas vías para hacer nuestras vidas. La experiencia de los trabajadores ha sido de las mayores riquezas que he gozado en mi vida.