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sábado, 6 de junio de 2009

Existencialismo y Posmodernidad

Para terminar este pequeño recorrido, veremos una tercera corriente receptora de Kierkegaard que ha tenido lugar a partir de la segunda mitad de los 80s. En este caso no por una situación de crisis, sino en una situación marcada por un dramático cambio en las perspectivas del mundo: la división política del este y el occidente perdiendo su significado especialmente a partir de 1989 y dando lugar a una complejidad de puntos de vista mundiales unidos a la globalización y a la cuestión de lo que se pierde en el proceso.

Filosóficamente no nos enfrentamos a una filosofía de la existencia, o a una filosofía de existencialismo, sino a varios tipos de lo que se conoce como postmodernismo. No obstante, algunas palabras clave sobreviven. Y el mejor ejemplo es el de ‘elección’ en el sentido de elegirse a uno mismo. El modo como uno vive su vida es cuestión de lo que se elige. La vida se ha convertido en un asunto de proyectos de vida. Para poder encontrarse a uno mismo o el propio camino en la vida, uno tiene que experimentar con varios tipos de vida y varios modos de ver la vida.

Arne Gron

Antes de regresar a una pequeña aproximación al tema sugerido de Kierkegaard vs. Hegel, en el que ni pretendo resolver y tampoco me considero especialista, obligado más quizás por la presión de Nómada, aunque realmente sigo declarandome escéptico del propio danés con apellído de Panteón, quisiera reflexionar esta última propuesta de Gron, a la luz de mi propia formación y conocimiento

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Richard Rortry

Cuando metí el ejercicio del relativismo, radicalizando la postura de Nómada en torno a la producción de los textos, o al devenir de la obra en Sartre, no lo hice con una intención de joder, sino quise dejar entrever que cuándo se habla de una forma relativista, se debe estar preparado a asumir todas las consecuencias de dicho planteamiento. El relativismo no me es desconocido, porqué me formé al lado de impulsores del relativismo mexicano en el campo de la historia. No estaba sino recuperando la discusión intelectual de las últimas tres décadas en el mundo que hoy llaman el mundo de la globalización.

Quizás Nómada se enredó bastante entre lo que yo exponía de manera lógica, en la lógica del relativismo y la identificación de mi propio pensamiento. Las trampas relativistas son difíciles de resolver. La posmodernidad es símbolo de eclecticismo y mezcla de distintas formas culturales de percibir el mundo, la declaración del fin de los metarrelatos realizada por Francois Lyotard o de las grandes teorías, caería muy bien al individualismo de Kierkegaard y sus seguidores sentimentales. Podemos hablar de giros generacionales. En los 70, la producción y la preocupación se centró sobre todo en la filosofía existencial, Sartre era un autor de moda y al parecer el comunitarismo se convirtió, a través de los movimientos contraculturales, en un extremo que no volvería al filósofo danés muy popular.

Pero después de 1989, con la relativización del enfrentamiento oriente-occidente, la generación a la que quizás es más cercana Nómada, adoptó la posmodernidad y el relativismo como esto que nos dice Gron:

El modo como uno vive su vida es cuestión de lo que se elige. La vida se ha convertido en un asunto de proyectos de vida. Para poder encontrarse a uno mismo o el propio camino en la vida, uno tiene que experimentar con varios tipos de vida y varios modos de ver la vida.

El llamado derrumbe del mundo socialista, el supuesto triunfo del neoliberalismo del mercado, crearon la certeza de la libertad del mercado y la certeza de un mundo diferente globalizado. Este pensamiento de cerca de tres décadas, hoy esta en franca decadencia. El individualismo y la fragmentación del conocimiento, no lo salvaron del simplismo y la visión sesgada. Hoy los jóvenes de los 80 y 90 se han vuelto adultos y su mundo ha sido cuestionado por una realidad tan terca como cambiante. Con planteamientos tan envejecidos, cronos comienza a dar cuenta de los posmodernos.

Los neoliberales, lo mismo que los panistas, no alcanzan a entender porqué Barck Obama y el neoregulacionismo frente a la crisis de la primera década del siglo XX marca un cambio sustancial. Hablan a nuevas generaciones que ya no hablan el mismo lenguaje, que no empatan con las mismas preocupaciones. El problema del relativismo es el calificativp a la verdad, como no existe la verdad absoluta, no existe la verdad, sino verdades relativas que terminan no siendo verdades. Ello intenta desestructurar el pensamiento crítico y sobre todo el pensamiento complejo en la fragmentación del conocimiento. Este intento ha fracasado y una buena parte de la ciencia ha marcado ya su distancia con el posmodernismo.