Nos visitan del mundo

domingo, 21 de junio de 2009

Rousseau: El Gran Alquimista de la Modernidad








Retomo de la revista Pasajes...
Rousseau afirma que no es la voluntad (irrenunciable) sino el poder, que no es la soberanía (intransferible) sino la acción, lo que los ciudadanos transmiten a través de la voluntad general.
Pero de los ciudadanos han perdido ya parte de su voluntad individual en la proyección en esta entidad colectiva -bien común, deseo ponderado- que llamamos voluntad general. Una vez la voluntad general se ha hecho institución ha dejado de pertenecer al ciudadano.
Se ha convertido en ente autónomo que está delante del individuo (ciudadano) y que incluso tiene derecho a actuar sobre el individuo (súbdito). Ha nacido la ideología jacobina del Estado todopoderoso garantía de la igualdad política y, por tanto, de la libertad de los ciudadanos, que, a través de la forma republicana que le es propia, anima a los hombres para que se cumplan los buenos ideales inscritos en su corazón, antes de perderse en la jungla de las relaciones sociales. De modo que el carácter de Newton de lo social que le reconoció Kant se explica porque es el que hace transmigrar al alma teológico-política del Estado teocrático hasta la historia. Al hacer del Estado de la voluntad general un Estado sin límites abre paso a las doctrinas absolutas de la modernidad que no han querido entender quela soberanía tiene un límite en la irreductible individualidad de las personas. Rousseau completa su cuadro con la noción de religión civil, que religa a la ciudadanía con la república, porque «es bastante importante para el Estado que el ciudadano tenga una religión que le haga amar los deberes». Y aunque Rousseau dice que no se puede obligar a nadie a creer los dogmas de la religión civil, «se puede proscribir del estado a todo aquel que no los crea».