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miércoles, 3 de junio de 2009

Ángeles y demonios

Hace unos días me llevaron al cine, y digo me llevaron porqué el trabajo me da muy poca tregua, así que debía existir una razón muy importante para que dejase lo que estaba haciendo y me dirigiese a una sala cinematográfica a ver la película "Ángeles y demonios" al parecer del mismo autor de "El código Da Vinci". El novelista, no cabe duda tiene una imaginación prodigiosa, es muy bueno, pues te lleva en la intriga del relato, basado a veces en cosas ciertas, a veces en imaginación realmente literaria.

El Código Da Vinci es una novela, en realidad la imaginación basada en rumores reconstruye una idea que puede parecer irreverente, Jesús y María Magdalena procrearon una dinastía perseguida por la Iglesia y defendida por los caballeros templarios. Ellos son la esencia del Santo Grial y los científicos más destacados, como Issac Newton pertenece a la pleyade de los defensores. Este relato, no dudaría, molestó muchísimo a la Iglesia católica, no lo dudo, porqué representó a la Iglesia como una conspiradora contra la propia vida de Jesús, en particular el Opus Dei.

Pero aquí es dónde la tolerancia de muchos católicos se pone a prueba, yo vi a algunos que se arrancaban contra la novela, realmente a mi en particular me parecía una historia fascinante, que me quedaba claro era literatura válida en la manera como tejía su historia. No era un panfleto contra la Iglesia, era más bien un relato tejido sobre el vehiculo favorito de muchos, la conspiración.

En Ángeles y Demonios el autor se modera, al parecer se reivindica y busca la conciliación con la Iglesia. Los conspiradores ahora son los Iluminati, una secta de admiradores de la ciencia que buscan secuestrar a los sucesores del Papa, para sembrar una bomba elaborada con antimateria, robada de un acelarador nuclear cercano. Los Iluminati buscaban dar su merecido a la Iglesia por la represión y en ocasiones el asesinato de científicos a lo largo de la historia, mediante el relato del camino a la Iluminación, un historiador de Harvard debe encontrar y anticiparse a los Iluminati, antes de que estos vuelen San Pedro, con todo Conclave papal. No les relataré el final para que la vean, sólo les diré que el final no le da la razón a la ciencia, ni a la Iglesia y concluye de manera más o menos neutra, enseñando algo que me parece interesante.

Traigo la película al foro, porqué debemos tener mucho cuidado con el asunto de las conspiraciones. No debemos ver ángeles o demonios, debemos ver que nosotros, los hombres somos una comunidad responsable o irresponsable de nuestros actos, más allá de las religiones o las iluminaciones dónde se quieran justificar.

Cuando se habla de responsabilidad humana, regresamos al viejo problema que hemos planteado aquí. Un problema que se ha eludido. La valoración del comportamiento humano no es una cuestión de carácter moral, sino un asunto de carácter ético. Pienso que Sartre sostiene buena parte del problema de la existencia humana en las condiciones en que se desenvuelven los humanos, es decir en esto que es el hombre y sus circunstancias. Si bien el hombre actúa sobre las circunastancias, no es el hombre el que puede modificar las circunstancias a su antojo, sino la circunstancias le retan y le ponen determinaciones. Por esto las condiciones o la condición humana, son un vector de determinación muy importante que marcan desde su nacimiento al humanismo.

En el siglo XV, el quatroccento, la llamada era del renacimiento dio vida al humanismo. Existen en particular dos planteamientos que me han impresionado en este sentido. Los trabajos de Alberto Tenenti en torno a los orígenes y la formación del mundo moderno, y que por cierto he retomado en un libro reciente sobre historia universal, y la manera como el renacimiento toma el humanismo en la voz de Nicola Maquiavelo.

En el mundo cristiano, en general la vida estaba resuelta en materia de la misión humana que teníamos en la tierra. El tránsito era una prueba que se vería coronada al final de la vida, en el juicio final y en el infierno y el paraíso. San Agustín, había dado la solución al milenarismo y la predestinación de los primeros tiempos, resolviendo para la Iglesia católica el momento de salvación inmediato en la muerte. Una de las evidencia de esta visión era la costumbre cristiana de ayudar a bien morir, un acto de caridad cristiana, de acompañamiento del amigo, del familiar o del prójimo. ACOMPAÑAR al moribundo en la muerte significaba, refrendar el papel de finitud e intrascendencia del cuerpo, para conquistar la gloria con el juicio final. Acompañar al cielo al ser querido, en su paso por la muerte.

En algún curso que tomé con el excelente historiador medievalista Jacques Le Goff, él explicaba como existían dos visiones de la risa medieval, recordemos que él asesoró la película de En nombre de la Rosa, es de él el diálogo del padre george con William de Basquerville, que en la realidad es Guillermo de Ocam, el filósofo nominalista. Pues bien, Le Goff nos decía al sur de la Ciudad de México, en una antigua casa de la Inquisición, la Casa Chata de Tlalpan, que uno de los sentidos medievales era que la risa era mala porque partía del interior del cuerpo, de las entrañas, que es de lo más peréne que tienen los seres humanos, la risa se asociaba además con la lujuria. Fray George, por eso le gritaba a Fray William, el franciscano, que la risa era cosa del demonio, pues partía del interior, es decir de las partes perenes del cuerpo. Basquerville en cambio replicaba que la risa era liberadora, que en realidad no tenía nada malo, y argumentaba que San Francisco reía. Ocam, aquí personificado en Basquerville en realidad tomaba la visión aristotélica de la risa.

¿Dónde el hombre rompío esta certidumbre tomista de la vida como tránsito? Tenenti resuelve de manera maravillosa. El cambio de la muerte y de la gloria sucedió en el siglo XIV, cuando la representación de la muerte comenzó a aparecer como la conocemos hoy, la muerte con su guadaña que cega vidas humanas. La muerte tornó de algo maravilloso y esperado, a algo macabro y rechazado por el miedo a morir. El antecedente inmediato de este cambio fue la peste bubónica de 1342, es decir la mayor epidemia de viruela del siglo XIV. Las catástrofes cambian a las sociedades, es como el terremoto de septiembre de 1985 en México, después de él, la sociedad de la ciudad ya no fue la misma. Los cálculos optimistas de los demógrafos históricos calculan que murió aproximadamente un tercio de la población, los peores hablan de que el 50 % de la población calculada en 50 millones, murió arrasada por las epidemias.

Tenenti habla de que el mayor impacto en las mentalidades medievales fue sobre la noción de la muerte y de la gloria. Acompañar a bien morir a otro cristiano, era verse tocado por la muerte misma. Así que alejarse era reafirmar la vida, repudiar la muerte, verla como un asunto macabro era en realidad reivindicar la vida como un prioridad. Es en ese momento cuando la vida humana se valora como algo muy valioso, se desea vivir, se desea la vida terrenal, se seculariza el problema de la vida, pues la vida en la otra vida no es necesariamente la vida en esta y no necesariamente se desprecia la vida terrenal. El cambio de la muerte cambio ese otro sentido, que se llama gloria. Si la gloria era el cielo, el rechazo a la muerte y la revindicación de la vida cambio el sentido de la gloria, pues no sólo se trataba de morir e ir al cielo, sino de realizar obras en el mundo para que fuese recorada por los vivos. La gloria terrenal se tradujo en las obras, aparecieron los autores, las obras de arte, la obra como rememoración de quien la había hecho, la inmortalidad entre los vivos.

Terminaré refiriendo algo que persiste en tensión y en discusión. Las referencias de Maquiavelo a los dos aspectos del humanismo, la virtú y la fortuna. Estos dos aspectos estan de alguna manera relacionados con el ser y las circunstancias o la condición. Para el hombre renacentista la virtú es el valor y el coraje de enfrentarse a la vida, la valerosidad, el hombre sobreponiendose a las circunstancias o al destino. La fortuna, que tiene que ver con suerte, con azar, con destino, no con riqueza, son las condiciones que influyen sobre los seres humanos. El hombre puede en momentos determinados cambiar la fortuna, pero Maquiavelo, como todo humanista sabe que no siempre la mala fortuna puede ser cambiada, la valerosidad del hombre se da cuando lucha y triunfa contra la adversidad, pero la adversidad, es claro, en ocasiones se impone.

Antes de valorar el carácter, la responsabilidad de los seres humanos en los actos, que es un asunto de ética, debemos reconocer que no es el hombre quién por virtud se impone al destino, el destino en muchas ocasiones termina imponendose sobre los seres humanos. Esta es una tensión básica del humanismo, pues el hombre aquí vale en determinadas circunstancias frente a lo que le rodea. La posibilidad de que el hombre, modifique las circunstancias en las que vive, sociales, sobre todo, es un postulado eminentemente humanista. Sólo recordemos que cuando Maquiavelo escribe estas reflexiones en El Principe, desea la unificación de Italia, una idea que se adelantó sólo 4 siglos.