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lunes, 8 de junio de 2009

¿Quién me habla? ¿Seguro será Dios?

El hombre que miente para excusarse, diciendo "Todo el mundo no lo hará" debe tener la conciencia intranquila, pues el acto de mentir implica el valor universal que niega. Por su disfraz su angustia se revela a sí misma. Esta es la angustia que Kierkegaard llama "la angustia de Abraham". Usted ya conoce la historia: Un ángel mandó a Abraham que sacrificase a su hijo; la obeciencia era obligada, si realmente era un ángel quien apareció y dijo, "Tú, Abraham, debes sacrificar a tu hijo." Pero cualquiera en este caso se habría preguntado, primero, si era realmente un ángel y, segundo, si uno mismo es realmente Abraham. ¿Dónde están las pruebas? Cierta mujer loca que sufría de alucinaciones decía que había gente que la llamaba y le daba órdenes. El doctor le preguntó: "¿Pero quién es esa persona que le llama?" Y ella dijo: "Dice que es Dios." Y, de hecho, ¿qué podía demostrarle a ella que era Dios? Si se me aparece un ángel, ¿cuál es la prueba de que es un ángel?; o, si oigo voces, ¿quién puede probar que proceden del cielo y no del infierno, o de mi propio subconsciente, o alguna patología? ¿Quién puede probar que realmente se dirigen a mí?
Jean-Paul Sartre

Una cita muy interesante de Sartre, aplicable a quienes creen que siendo algo así como el ejército de Dios, creen que esta en sus manos la creación de una especie de sociedad del evangelio en la tierra. ¿Tendrán la angustía de Abraham? ¿Por qué nos erigimos nosotros en el bien y pensamos que todo lo demás es el mal? ¿No será esto el disfraz de una verdad absoluta referenciada? ¿Por qué existe gente que se siente "ayudante" de Dios.